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viernes, 17 de junio de 2011

LA HIGUERA MALDITA. Mt 21,18-22.

                  18 A la mañana siguiente, cuando volvía a la ciudad, sintió hambre.
19 Viendo una higuera junto al camino, se acercó, pero no encontró nada más que hojas; entonces le dijo:
                   - Nunca jamás brote fruto de ti.
                   Y la higuera se secó de repente.
20 Al verlo, los discípulos preguntaron sorprendidos:
                   - ¿Cómo es que la higuera se ha secado de repente?
                  21 Jesús les contestó:
                  - Os aseguro que si tuvierais una fe sin reservas, no sólo haríais esto de la higuera; incluso si le dijerais al monte ese "quítate de ahí y tírate al mar", lo haría, y 
22 todo lo que pidieseis en oración con esa fe lo recibiríais.

EXPLICACIÓN.

18 - 22.        Segundo día en Jerusalén. La higuera con hojas, pero sin fruto, en paralelo con el templo magnífico, pero infiel a su misión. La maldición de la higuera, figura de la destrucción del templo (24,2). Pregunta extrañada de los discípulos (20) y respuesta de Jesús (21s): El monte ese puede identificarse con el del templo. La fe sin reservas, manifestada en el seguimiento de Jesús y en la ruptura total con la institución, hará que desaparezcan los sistemas opresores.

jueves, 19 de mayo de 2011

SEGUIR A JESÚS. Mt 8,18-22.

                   18 Al ver Jesús que una multitud lo rodeaba dio orden de salir para la otra orilla.
19 Se le acercó un letrado y le dijo:
                   - Maestro, te seguiré adondequiera que vayas.
                   20 Jesús le respondió:
                   - Las zorras tienen madrigueras y los pájaros nidos, pero el Hombre no tiene dónde reclinar la cabeza.
                  21 Otro, ya discípulo, le dijo:
                  - Señor, permíteme ir primero a enterrar a mi padre.
                  22 Jesús le replicó:
                  - Sígueme y deja que los muertos entierren a sus muertos.

EXPLICACIÓN.
18 - 22.        Evita la popularidad (18). La otra orilla, las regiones paganas. El letrado reconoce la superioridad de Jesús como maestro. El Hombre (lit.. "el Hijo del hombre"), con doble artículo, indicando unicidad y excelencia, la plenitud humana de Jesús, efecto de la bajada del Espíritu sobre él (3,16). La labor de Jesús es una pura entrega, sin hogar ni descanso. El discípulo ha de participar en la misión del maestro. El padre (21s) representa la tradición, el modelo al que hay que ajustarse. Enterrar al padre indica la veneración, el respeto y estima por el pasado que representa. Ha de desentenderse de ese pasado, romper con la tradición. Los muertos, los que profesan esas tradiciones; sus muertos, las tradiciones mismas. La tradición muerta engendra muertos.

miércoles, 27 de abril de 2011

LLAMADA DE ISRAEL. Mt 4,18-22.

                   18 Caminando junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos: a Simón, el llamado Pedro, y a Andrés, su hermano, que estaban echando una red de mano en el mar, pues eran pescadores.
19 Les dijo:
                  - Veníos conmigo y os haré pescadores de hombres.
                 20 Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.
                 21 Pasando adelante vio a otros dos hermanos: a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, que estaban en la barca poniendo a punto las redes, con Zebedeo, su padre. Jesús los llamó.
                22 Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron.

EXPLICACIÓN.

18 - 22.      Esta llamada es el paradigma de todas las demás en Mt. El mar/lago, frontera con los pueblos paganos y alusión al éxodo. La insistencia en el vínculo de hermandad (18.21) alude a Ez 47,13s, donde se anuncia el futuro reparto de la tierra a partes iguales ("cada uno como su hermano"): igualdad de todos sus seguidores. La invitación de Jesús (19) recuerda la llamada de Eliseo por parte de Elías (1 Re 19,19-21). Lo presenta como profeta e implica la comunicación de su Espíritu. Pescadores de hombres, cf. Ez 47,10. Jesús llama a una misión que pretenderá atraer a los hombres (judíos y paganos). Santiago y Juan, hermanos; presencia del padre, figura de la autoridad y de la tradición (21). En lo sucesivo no deberán reconocer más que al Padre del cielo (6,9; 23,9) (21-22).